Se traslada la preocupación de la deuda privada a la pública


La deuda crece en la pública mientras se reduce en la privada. Una de las cuestiones que más preocupó ante la crisis económica fue el alto nivel de endeudamiento del sector privado, ya sea empresas o familias, con 1,5 veces el PIB o casi 1 vez, respectivamente, frente a un sector público bastante saneado, que tenía una deuda de 1/3 del PIB en 2008.

«Se hace preciso ir ajustando el déficit público, de forma que se facilite en 2-4 años el equilibrio presupuestario, y que no se generen nuevos impuestos o nuevos incrementos de la carga tributaria, a tenor que la mejora de la actividad económica ya está proporcionando mejoras de la recaudación»

Resulta también importante destacar que una parte sustancial del endeudamiento, lo es con el exterior, a diferencia, por ejemplo de Italia o Japón, que, aunque tengan mayores niveles de endeudamiento, éste lo es con sus residentes o interior. Esa mayor dependencia del endeudamiento del ahorro exterior, supone que exista una mayor sensibilidad a los mercados financieros internacionales.

En este sentido, y en los primeros años de la crisis, hubo un monitoreo de la prima de riesgo (concepto que fue conocido en aquel entonces por el gran público), que se alivió, en parte por la política decidida de reducción del déficit público, y especialmente por la posición heterodoxa del Presidente Draghi y la política monetaria laxa llevada a cabo con ambición que inundó de dinero los mercados, y especialmente para la adquisición de títulos emitidos por los Estados.

La crisis económica, por un lado, y la crisis financiera vivida en la misma, que supuso entre otras, la desaparición de las cajas de ahorros, mermaron la capacidad de endeudamiento del sector privado (quejoso, con razón, de las dificultades de acceso al crédito, afortunadamente ya superadas), que desde entonces ha iniciado una tendencia de reducción de su nivel de endeudamiento desde su pico en 2010, situándose ya, en el caso de las empresas, por debajo del PIB, y en el caso de las familias, ligeramente por encima del 50% del PIB.

Por lo tanto, en los últimos años los mayores niveles relativos de endeudamiento privado, en términos de PIB, se han corregido, siendo relativamente semejantes a la media de los países europeos.

En cambio, a principios de la crisis, como ya se ha señalado, las administraciones públicas, tenían, en términos comparados un nivel de endeudamiento envidiable, (entorno de 1/3 PIB), para pasar en 11 años a un nivel que triplica el endeudamiento acumulado hasta la crisis, del orden del 100% del PIB, que dista mucho del objetivo europeo del 60% del PIB. Por ello, la política de déficit público debería ser más exigente, e incluso de superávit, teniendo presente que el mayor nivel de envejecimiento de la población española (con el baby-boom de los 60, pronto pensionistas, y la baja natalidad), tensionará a medio plazo las finanzas públicas, por un lado, y un nivel elevado del servicio de la deuda pública, que aunque hoy tengamos históricos y bajos tipos de interés, a medio plazo, cabe esperar su incremento, que también tensará las finanzas públicas. Dado su nivel, un aumento de un punto (sobre un nivel de 100% de PIB) supondrá un aumento del gasto público también en un punto de PIB. Estos impactos previsibles deben contemplarse a medio plazo, y poder tener margen con un ajuste presupuestario, que permita encajar esos incrementos de gasto, sin que se agrave la cuestión del endeudamiento público en nuestro país.

Por ello, se hace preciso ir ajustando el déficit público, de forma que se facilite en 2-4 años el equilibrio presupuestario, y que no se generen nuevos impuestos o nuevos incrementos de la carga tributaria, a tenor que la mejora de la actividad económica ya está proporcionando mejoras de la recaudación, a la vez que, hay que hacer una revisión de la eficiencia del gasto público, que permita aprovechar mejor las dotaciones económicas destinados al gasto público, buscando objetivos de resultados, que no solo de recursos. Que nadie piense que haber dejado el 3% del PIB en déficit público, que es positivo, deba articularse, ese menor control y seguimiento de las autoridades europeas, como una relajación de los compromisos en los próximos años, pues el nivel de endeudamiento, aún se mantiene bastante alejado el objetivo del 60% del PIB de la deuda pública como uno de los macroequilibrios a tener.

El sector privado ya ha hecho un proceso significativo de reducción de su endeudamiento, que ahora debe llevar a cabo también el sector público, afín de ir suavizando una de las cuestiones que se había destacado la economia española por su alto nivel de endeudamiento. Este ya corregido, en términos homologables, en el caso del sector privado, ya sean familias o empresas, y que exige un objetivo realista y gradual, sin que languidezca en el tiempo ese objetivo de ir reduciendo y aproximando a ese nivel máximo del 60% del PIB en el caso de la deuda pública.

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