El estado del proyecto europeo tras la pandemia


La crisis sanitaria ha hecho aflorar en la Unión Europea las contradicciones y puesto en evidencia los retos socioeconómicos y culturales de manera mucho más cruel.

La Unión Europea debía iniciar la “Conferencia sobre el futuro de Europa” el pasado 9 de mayo y, debido a la pandemia, se ha pospuesto hasta después del verano, tanto porque todo lo que de presencial se había previsto en ella no puede llevarse a cabo como por el hecho de que lo sucedido tiene que llevarnos a reflexionar mejor sobre qué Europa queremos. Si ya antes el debate era profundo, mucho más ahora cuando la crisis sanitaria ha hecho aflorar las contradicciones y puesto en evidencia los retos socioeconómicos y culturales de manera mucho más cruel.

Es en el Consejo Europeo donde han aparecido las discrepancias serias. Algunos las reconducen a las diferencias culturales entre el Norte y el Sur, un Norte “protestante” y un Sur “católico”, sin tener en cuenta que eso simplifica en exceso la explicación.

A la UE le costó reaccionar. La Comisión estuvo paralizada al comienzo, especialmente por el hecho de que las competencias sanitarias son, en principio, de los Estados miembros y la UE tiene que encontrar la base jurídica de su acción en la coordinación y en la tangencialidad con las políticas que sí son de su competencia, como la libre circulación, las fronteras exteriores y, especialmente, las previsiones económicas. De ahí que, en un primer momento, la Comisión se limitara al establecimiento del “corredor verde” para productos sanitarios y de primera necesidad, o a la repatriación de medio millón de ciudadanos europeos que habían quedado bloqueados en distintos lugares del Mundo. Posteriormente, y en acción coordinada con el Banco Central Europeo, el Eurogrupo y el Parlamento Europeo (al Consejo hay que “darle de comer aparte”) se comenzaron a estructurar las ayudas socioeconómicas, teniendo en cuenta las distintas posibilidades que tiene la UE al respecto.

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