La desinformación; un arma cargada de futuro


Nuestra vida en el estado de alarma ha dependido literalmente de la información que nos llegaba, y muchas se han perdido, trágicamente en esta pandemia, por una información inadecuada o una desinformación perversa.

Las nuevas tecnologías se han colocado desde hace unos años en el centro de nuestro mundo, protagonizando nuestra vida laboral, social, cultural y política. Cada vez con mayor velocidad, somos capaces de emitir y recibir información de manera más sofisticada, por capas, escalonadamente, de forma segmentada y si queremos sistemática, pudiendo seleccionar al público al que va dirigida, de forma personalizada y a gran escala. Pero lo que resulta definitivo es que todo esto puede hacerse de una manera sencilla y muy barata.

Las grandes oportunidades que estas tecnologías han abierto son innegables, el acceso libre, inmediato y directo de cualquier usuario a la cultura, a estudios académicos, legales, políticos…, posibilitando incluso el contacto directo con autores y colectivos que trabajan en distintos ámbitos, hace posible un crecimiento de los avances científicos y del conocimiento en general como nunca antes se había dado.

Está claro que las grandes plataformas digitales deberían estar sometidas, aunque sus intereses sean legítimos, a algún tipo de control. Por otro lado, los estados, los gobiernos y los políticos quieren acceder al poder y en la medida de lo posible perpetuarse en él, así que no son del todo fiables

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