Pandemia y sentido de la deportividad


La pandemia nos ha recordado, con énfasis extraordinario y de una forma masiva, que todos y cada uno de nosotros somos siervos de la fortuna. Y esto nos da que pensar.

Durante el asedio de la pandemia, todos los medios de comunicación estaban ansiosos de nuevos contenidos y, por otro lado, los charlatanes de turno estábamos confinados por mandamiento legal. El cóctel resultó explosivo: nunca se habían acumulado tantas invitaciones a expresarse en variedad de canales. Entre las preguntas repetidas, una de las más frecuentes ha sido la de cómo seremos una vez superado el virus insidioso.

Hace poco, preguntado por esta cuestión, me aventuré a destacar tres campos en los que considero muy probable una transformación colectiva debida a esta primera -y dolorosa- experiencia genuinamente simultánea y universal de la humanidad: el cosmopolitismo, superador de identidades y fronteras; segundo, unas relaciones interpersonales mejoradas en la comunicación telemática y los hábitos de higiene; y finalmente, lo que denominé un sentido para la deportividad. Aquí me gustaría extenderme un poco más en este último punto.

La democracia liberal en que vivimos institucionaliza, en cambio, la pluralidad, la diversidad de razones y el sano relativismo, y acoge cierta aleatoriedad imprevisible, salpimentado de caos, que Platón expulsaría con severidad de su república, como ya decretara con los poetas

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